El fallecimiento de un trabajador y las graves heridas sufridas por otro en el accidente ocurrido este lunes en la A-5, a la altura de Badajoz, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no podemos seguir ignorando: los operarios de conservación y mantenimiento de carreteras desarrollan su trabajo en unas condiciones de exposición y vulnerabilidad que, en demasiadas ocasiones, pueden marcar la diferencia entre volver a casa o no hacerlo.
Según ha informado Canal Extremadura, el siniestro se produjo cuando un camión colisionó con un vehículo de mantenimiento de carreteras. El resultado fue trágico: una persona perdió la vida y otra resultó herida grave. Las circunstancias concretas del accidente deberán ser esclarecidas por la investigación correspondiente, pero el hecho vuelve a evidenciar la enorme vulnerabilidad de quienes trabajamos diariamente en nuestras carreteras.
Y no se trata de un caso aislado.
Los propios datos de la Dirección General de Tráfico reflejan la dimensión del problema. Durante 2025 se produjeron 154 siniestros de tráfico relacionados con trabajos de mantenimiento y conservación de carreteras. De ellos, 26 afectaron directamente a operarios que trabajaban o caminaban por la calzada o sus inmediaciones, mientras que en otros 128 casos los trabajadores se encontraban dentro de sus vehículos.
La propia DGT señala que la mayoría de los siniestros que afectan a trabajadores de conservación son atropellos provocados por vehículos ajenos a la obra y apunta a la velocidad como uno de los factores más influyentes, junto con las distracciones y las maniobras incorrectas de adelantamiento o cambio de carril.
Estos datos deberían obligar a reflexionar al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible.
Porque detrás de cada cifra hay una persona. Hay un trabajador (un compañero) que sale cada día a realizar una tarea imprescindible para el conjunto de la sociedad. Una persona que repara una carretera, retira un obstáculo, señaliza una incidencia, atiende una emergencia, realiza labores de vialidad o interviene para garantizar que millones de ciudadanos puedan desplazarse con seguridad.
Los operarios de conservación somos, en muchos casos, los primeros en llegar cuando existe un problema en la carretera y los últimos en abandonar la zona cuando el peligro ha sido resuelto. Trabajamos mientras el resto de los usuarios continúa circulando a escasos metros de nosotros.
Y ahí reside una de las grandes contradicciones de este trabajo: quienes se encargan de mantener nuestras carreteras seguras tienen que desempeñar su labor expuestos constantemente a conductores que no respetan los límites de velocidad, ignoran la señalización provisional, se distraen o realizan maniobras indebidas.
La campaña de vigilancia puesta en marcha por la DGT durante el mes de junio demuestra que las autoridades son conscientes de esta problemática. Durante dicha campaña se controlaron 233.506 vehículos y se formularon 15.460 denuncias. La propia DGT ha señalado posteriormente que los excesos de velocidad concentraron nueve de cada diez denuncias realizadas en los tramos de obras.
El dato es demoledor.
No estamos hablando únicamente de una falta de concienciación. Estamos ante un problema de seguridad vial y, también, de seguridad laboral.
La seguridad de los trabajadores no puede depender únicamente de que quienes circulan por la carretera respeten las normas. Deben existir medidas de protección eficaces que garanticen su integridad incluso ante las conductas imprudentes o negligentes de terceros.
Necesitamos medidas más contundentes, más vigilancia y, sobre todo, una estrategia integral de protección para quienes trabajan en las vías abiertas al tráfico.
La tecnología puede ayudar. La señalización inteligente, los sistemas conectados, la información anticipada a los conductores y otras soluciones tecnológicas deben formar parte de esa estrategia. Pero también es imprescindible reforzar los controles, perseguir de manera efectiva las conductas que ponen en riesgo a los trabajadores y revisar los protocolos y sistemas de protección existentes en las zonas de trabajo.
La seguridad de los operarios debe situarse en el centro de la planificación de las actuaciones de conservación y mantenimiento.
No podemos aceptar que cada nuevo accidente se convierta simplemente en una noticia más. No podemos asumir como inevitable que quienes trabajan en nuestras carreteras estén expuestos permanentemente a sufrir un atropello o una colisión.
Trabajar en la carretera no puede significar jugarse la vida.
Desde USIC queremos trasladar nuestro más sentido pésame a la familia, compañeros y allegados del trabajador fallecido en Badajoz, así como nuestros deseos de recuperación para el trabajador que ha resultado gravemente herido.
Pero también queremos lanzar un mensaje claro: no podemos normalizar estas tragedias.
Los trabajadores de conservación y mantenimiento de carreteras merecen el mismo compromiso con la seguridad que ellos prestan cada día a la sociedad. Merecen trabajar con garantías y regresar a sus hogares.
Por eso reclamamos a las administraciones competentes que adopten medidas reales, eficaces y permanentes para proteger a estos trabajadores. Que se refuerce la vigilancia en las zonas de trabajo, que se persiga con contundencia el exceso de velocidad y las maniobras peligrosas y que se avance en sistemas de protección que reduzcan al mínimo la exposición de los operarios al tráfico.
Porque detrás de cada chaleco, de cada vehículo de conservación y de cada señal de obras hay un trabajador.
Y ese trabajador tiene derecho a volver a casa.
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