El reciente accidente ocurrido en la autovía A-11, a la altura de Coreses, ha vuelto a poner de manifiesto la extrema vulnerabilidad a la que se enfrentan diariamente los trabajadores de conservación y mantenimiento de carreteras. Lo que comenzó como una jornada ordinaria de mantenimiento terminó en un siniestro espectacular que, por pura fortuna, no se cobró vidas humanas.
Un impacto contra quienes nos protegen
Alrededor de las 12:56 horas del pasado miércoles 17 de junio, un vehículo articulado colisionó por alcance contra un vehículo de mantenimiento que se encontraba realizando labores críticas de señalización para un equipo de desbroce. Resulta alarmante que, a pesar de las medidas de señalización empleadas para proteger la zona de trabajo, el impacto fuera de tal magnitud que el camión terminó volcado a cuatro metros de la calzada.
Este suceso no puede verse como un simple “accidente de tráfico”. Es un recordatorio de los riesgos laborales que asumen quienes trabajan a pie de carretera. El personal de conservación actúa como un escudo humano; en este caso, el vehículo de señalización cumplió su función de proteger al equipo de desbroce, pero a costa de la integridad física de sus ocupantes y de la propia seguridad de la vía.
Más allá de las cifras: heridos y riesgos ambientales
Aunque las primeras informaciones indicaban que no había heridos de gravedad, fuentes de emergencias confirmaron que al menos una persona requirió asistencia sanitaria y hubo que valorar su evacuación. No podemos normalizar que el “éxito” de un protocolo de seguridad sea simplemente que “no haya heridos de consideración” cuando un trabajador ha estado expuesto a un impacto de estas dimensiones.
Además, el siniestro provocó un derrame de combustible, lo que obligó a una intervención urgente de los Bomberos de la Diputación para contener el vertido y evitar desastres medioambientales o riesgos adicionales para la seguridad vial. Este hecho añade un extra de peligrosidad a las labores de limpieza y recuperación de la vía que nuestros compañeros deben realizar bajo presión y en condiciones de riesgo 24 horas, 365 días al año.
Seguimos reivindicando
Este incidente en el kilómetro 451 de la A-11 debe servir para que las administraciones y las empresas concesionarias refuercen de inmediato:
- Sistemas de protección activa: No basta con señales luminosas; necesitamos barreras y sistemas de aviso más eficaces que alerten a los conductores de larga distancia con mayor antelación.
- Concienciación ciudadana: Es vital que los conductores comprendan que, cuando ven una furgoneta de mantenimiento, hay vidas humanas trabajando detrás de esos carteles.
- Revisión de protocolos de desbroce: Las tareas en los márgenes de las autovías son de las más peligrosas y requieren un apoyo constante de patrullas de vigilancia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) y señalización reforzada.
Desde USIC, enviamos nuestro apoyo a los compañeros afectados y exigimos una investigación exhaustiva sobre las causas de esta colisión por alcance. Trabajar en la carretera no debería ser una profesión de riesgo. Queremos volver a casa sanos y salvos, no ser la siguiente noticia en los sucesos.