De la carretera a la toma de decisiones: la voz de la mujer en el COEX

Valla publicitaria panorámica al pie de una carretera convencional en España durante el amanecer. El cartel, de color morado, conmemora el Día Internacional de la Mujer con el mensaje: 'Mujeres que construyen caminos, conservan carreteras y transforman realidades', junto al número 8, un puño en alto y el logotipo de USIC

En el marco del Día Internacional de la Mujer, hoy ponemos el foco en un sector estratégico para la movilidad y la seguridad de todos los ciudadanos: el COEX (Conservación y Explotación de Carreteras).

Aunque históricamente ha sido un entorno de botas y asfalto predominantemente masculino, la realidad actual nos muestra un paisaje muy distinto. Hoy, el talento femenino no solo está presente en los Centros de Conservación, sino que lidera la toma de decisiones en momentos críticos, desde la vialidad invernal hasta la digitalización de nuestras infraestructuras. Según los últimos datos de la patronal ACEX, la presencia femenina ronda el 11%, aunque en puestos de gestión y jefaturas COEX la cifra es mucho más alta (superando el 37% en jefaturas COEX según los últimos informes), aún queda mucho camino por recorrer en los puestos a pie de obra.

Para profundizar en este cambio, tenemos el placer de conversar con algunas compañeras del sector. Con un amplio abanico que va desde un mes escaso a cuatro décadas de experiencia conservando y gestionando la red de carreteras de España, ellas representan la profesionalidad, la resiliencia y la mirada que define la conservación de nuestros días.

Ellas son:

  • María Auxiliadora Jordá G. (Jefa del Servicio en la Unidad de Carreteras de Alicante del MITMA)
  • Andrea Saiz B (Técnico COEX en el Sector BU-01)
  • Sylvie Carrillo (Operadora de Túnel y Comunicaciones en el Sector A-04)
  • Cristina Victorio A. (Brigada de Vialidad en el Sector A-05)
  • Yolanda Acosta (Vigilancia en el Sector A-05)

El “clic” vocacional: Entre la herencia, el azar y la necesidad

El sector COEX es el sistema circulatorio del país, pero rara vez nos preguntamos quiénes son las manos que lo mantienen vivo. Al preguntarles qué las llevó a este mundo “invisible”, las respuestas de nuestras protagonistas dibujan un mapa de vida que va mucho más allá de los manuales técnicos.

Para Auxi, con cuatro décadas de servicio en la Unidad de Carreteras de Alicante, la conservación no fue solo un destino, sino su escuela de vida: “Empecé con 22 años y, aunque he pasado por muchos sectores, siempre me he considerado una profesional de la carretera”, afirma con el orgullo de quien ha visto el sector evolucionar desde 1986. Sin embargo, no ignora la paradoja del oficio: “Es una actividad que, si se hace bien, no se percibe. Solo somos conscientes de su importancia cuando surge un problema”.

Esa entrada consciente contrasta con la de Andrea, quien admite que su llegada fue casi un accidente del destino. “Entré casi por casualidad por unas prácticas”, explica. Lo que empezó como algo temporal terminó en un compromiso a largo plazo: “Aquí sigo, enamorada del oficio, aunque a ratos me lo cuestione todo”.

En el sector COEX, la familia también es un motor fundamental. Sylvie y Cristina representan esa transmisión de pasión (o de oportunidad) en el hogar. Sylvie recuerda acompañar a su marido a las obras fuera de horario, escuchando explicaciones sobre replanteos y controles de calidad mucho antes de sentarse en una oficina de conservación. “Era un ámbito que me atraía incluso antes de incorporarme”, confiesa tras haber recorrido casi todos los departamentos, desde Explotación hasta su actual pasión: la Seguridad de Túneles. Por su parte, Cristina lo resume con la sencillez del relevo generacional: “Es un trabajo que he vivido desde pequeña por mi madre; me dijo que hacía falta gente y me animé”.

Pero la carretera no solo se elige por pasión o herencia; a veces, es el refugio necesario en tiempos convulsos. Yolanda aporta la visión más pragmática y humana de la profesión. Su entrada en el sector no fue un plan trazado, sino una respuesta a la crisis de 2008: “Por necesidad. Divorciada y con dos pequeños”. Su testimonio nos recuerda que la conservación de infraestructuras es, ante todo, un sector que sostiene vidas, tanto las de quienes viajan por ellas como las de quienes las mantienen.

Evolución del entorno: De “bicho raro” a la normalidad (con matices)

Si el acceso al sector fue variado, la experiencia dentro de los Centros de Conservación (COEX) refleja una metamorfosis social profunda. Al preguntarles cómo ha cambiado la percepción de la mujer desde que empezaron hasta este marzo de 2026, el silencio de los años ochenta choca de frente con la realidad actual.

Auxi pone voz a una época que hoy parece ciencia ficción. “Cuando llegué a la Unidad de Carreteras en Alicante, en febrero de 1986, las ingenieras éramos un bicho raro”, recuerda. En aquel entonces, el techo no era de cristal, sino de hormigón: “Mi primer intento de pasarme a conservación fracasó porque el Ingeniero Jefe no quería mujeres ingenieras en su equipo”. Para ella, el cambio no es solo de presencia, sino de valores. Cree que la mujer ha aportado una mirada necesaria: “Damos valor a lo colectivo, somos empáticas y nos preocupa la seguridad de los colectivos vulnerables”, cualidades que hoy se consideran esenciales para cualquier gestor.

Esa lucha por el espacio que describe Auxi parece lejana para las nuevas incorporaciones. Cristina, que apenas lleva un mes en el sector, representa la nueva generación: “No he notado nada diferente por el hecho de ser mujer”, afirma con una naturalidad que es, en sí misma, el mayor triunfo de las que vinieron antes.

Sin embargo, entre la pionera Auxi y la frescura de Cristina, existen realidades intermedias que demuestran que el camino no ha terminado. Yolanda aporta un dato que estremece por su soledad: “Yo hasta hace un mes he estado sola durante los 18 años que llevo”, explica, refiriéndose al trabajo fuera de las oficinas. Aunque celebra que ya no se asocie el trabajo duro o la climatología adversa exclusivamente al hombre, lanza un dardo realista: “No hacen mucho para que estos puestos sean atractivos para que una mujer se presente”.

Esta falta de “atractivo” o de adaptación técnica también la perciben Andrea y Sylvie. Mientras Andrea se enorgullece de la presencia femenina en su centro, recalca una asignatura pendiente: “Falta visibilizar modelos femeninos en puestos como vigilantes y oficiales”, combatiendo prejuicios que aún operan en el subconsciente. Por su parte, Sylvie, que tuvo la suerte de empezar bajo el mando de dos mujeres líderes (Directora de Obra y Jefa de Operaciones), señala una barrera física y logística que persiste en pleno 2026: “En la actualidad, este centro no cuenta con las condiciones necesarias para incorporar a mujeres como operarias”.

La conclusión de este debate invisible es clara: se ha ganado el despacho y el respeto técnico, pero la carretera —el asfalto, la bota y el chaleco de operaria— sigue siendo la última frontera por conquistar en igualdad de condiciones.

Referentes: ¿Quién abrió el camino?

La historia de las mujeres en el COEX no es la de una carrera de relevos donde alguien te pasa el testigo; para muchas, ha sido una carrera de fondo donde a menudo han tenido que inventar el camino a medida que avanzaban. Al preguntarles por sus referentes, las respuestas revelan que, cuando no existen espejos en los que mirarse, una se ve obligada a convertirse en el propio espejo.

Auxi, que admite no haber tenido figuras femeninas en las que apoyarse al inicio, hoy asume ese rol con una responsabilidad que trasciende su cargo. “Soy consciente de ser una privilegiada por mi posición”, confiesa, y por eso se siente en la obligación de alzar la voz por las que vienen detrás. Para ella, el techo de cristal no se romperá solo por estar presentes, sino por cambiar las reglas del juego: “La igualdad solo se alcanzará cuando no tengamos que pensar como hombres para que se valore nuestra presencia”. Su visión es clara: la ausencia de mujeres en la toma de decisiones es una pérdida de valor para toda la sociedad, no solo para nosotras.

En el otro extremo, Sylvie sí encontró una brújula en el sector. Habla con admiración de su Directora de Contrato, una mujer que “nunca se dejó amedrentar por nada ni por nadie”. Ese referente de firmeza y lucha ha sido el pilar sobre el que ella misma ha construido su carrera.

Pero a veces, el referente no está en la oficina, sino en la mesa de la cocina. Cristina tiene claro quién fue su “punta de lanza”: su madre. Haberla visto llegar a casa “reventada”, pero con la satisfacción de quien ama su oficio, ha sido su mejor guía. “La veía tan implicada… disfrutaba con su trabajo”, recuerda. Esa herencia de esfuerzo es, en sí misma, una lección de vida.

Yolanda, por su parte, aporta una perspectiva que rompe el mito de que el apoyo solo puede venir de otras mujeres. Si bien ella fue la “punta de lanza” que tuvo que demostrar su valía día tras día en el sector, destaca el papel fundamental de su equipo masculino: “Los quiero con locura. No sabes cuánto me han ayudado, cuidado y enseñado”. Para Yolanda, su “punta de lanza” no fue un acto de rebeldía solitaria, sino una integración ganada a pulso con el respaldo de sus compañeros de viaje.

El desafío técnico: Cuando la carretera no entiende de género

Más allá de la vocación, la conservación de carreteras impone una realidad física y logística que, a menudo, actúa como un filtro invisible. Al profundizar en los desafíos específicos del sector COEX, nuestras cinco protagonistas señalan tres nudos críticos: la barrera del “chaleco” a pie de obra, la autoridad en momentos de crisis y la eterna balanza de la conciliación.

1. ¿Por qué no hay más mujeres con el chaleco puesto?

Para Auxi, la respuesta es clara: los prejuicios de quien contrata. “La barrera es que la persona que decide si puedes estar en un puesto es, hoy por hoy, generalmente un hombre”, afirma con rotundidad, defendiendo las cuotas como una herramienta necesaria para “abrir la puerta” a las demás.

Sylvie añade un factor logístico que a menudo se ignora: la falta de infraestructuras adecuadas en los centros para acoger a mujeres, sumado a una autoexigencia agotadora. “Sentimos que debemos esforzarnos aún más para demostrar que estamos a la altura; hacemos un trabajo adicional para evitar que se nos infravalore”. Esta percepción de que el sector es un “club de hombres” llega incluso al círculo social de las más jóvenes. Cristina relata entre risas la reacción de su entorno al saber que trabajaría en la carretera: “Lo primero que me dijeron mis amigas fue: ‘¡Estás loca! ¿Ahí vas a entrar? ¡Eso es de hombres!'”.

2. La autoridad en la emergencia

Cuando llega la nieve o un accidente corta la vía, la profesionalidad se pone a prueba bajo presión. Curiosamente, en la urgencia es donde menos se cuestiona el género. Auxi reflexiona que, ante asuntos complicados, “no suele venir nadie a decirte cómo lo tienes que hacer”. Yolanda secunda esta visión de respeto mutuo: “En mi sector soy una más, en todos los sentidos”.

Sin embargo, Sylvie nos recuerda que el machismo estructural no desaparece por arte de magia en las operaciones técnicas, y Andrea pone el foco en el riesgo más real de la carretera, uno que no distingue sexos: el miedo a no volver a casa por un descuido ajeno mientras trabajas en la calzada.

3. La conciliación: Un reto de 24 horas

En un sector que funciona 24/7, la conciliación es el gran rompecabezas. Yolanda y Cristina (madre e hija) coinciden en que, en sus casos actuales, el horario es gestionable e incluso mejor que en sus empleos anteriores. Pero Auxi eleva el debate hacia un cambio de paradigma social: “La solución es que la conciliación no recaiga siempre y exclusivamente sobre las mujeres”. Para la veterana ingeniera, la clave está en que los hombres se comprometan con los cuidados en la misma medida: “La conciliación va siendo una necesidad para todos, pero queda mucho por hacer”.

El mañana del COEX: Talento, sostenibilidad y el techo de cristal

Mirar al futuro de la conservación de carreteras en este 2026 implica, necesariamente, hablar de relevo generacional y de un cambio de paradigma en la movilidad. Si el sector quiere sobrevivir y modernizarse, necesita que las jóvenes ingenieras y operarias vean en la carretera un lugar donde construir una carrera de éxito.

Una profesión de servicio público

Para Auxi, la atracción de talento empieza en las aulas. Como profesora en la Universidad de Alicante, se esfuerza por transmitir que la vida de una carretera no termina cuando se inaugura, sino que es ahí donde empieza el verdadero reto. “Les hablo de la relevancia de la seguridad en los túneles, de la vialidad invernal… de que es un servicio público de enorme relevancia”, explica. Para ella, el éxito profesional en COEX no es solo técnico, es la satisfacción de sentirse útil: “La conservación es una actividad especializada que nos hace sentir útiles a la sociedad”.

Sylvie coincide en que el atractivo del sector reside en su capacidad de resolución: “Se trata de identificar un problema y dar la solución más adecuada”. No es solo parchear; es mejorar puntos conflictivos y ejecutar obra nueva para salvar vidas.

La mirada “revolucionaria” en la seguridad

¿Aporta algo distinto la mujer a la movilidad sostenible? Las respuestas sugieren que la prudencia y la empatía son activos estratégicos. Sylvie señala un dato pragmático: la baja siniestralidad femenina como reflejo de un enfoque más seguro. Por su parte, Auxi va más allá y califica la entrada de la mujer en la planificación como algo transformador: “Lo más revolucionario que podemos hacer hoy es mirar el mundo con ojos de mujer”.

Incluso Yolanda, desde una visión más del día a día, apunta a esa capacidad de organización y sensibilidad que, aunque a veces nace de la gestión compartida de “trabajo y casa”, se convierte en una herramienta de gestión impecable en la carretera.

Rompiendo la pirámide

A pesar de que la paridad asoma en los niveles de gestión, la cima de las grandes empresas y los puestos de vigilancia siguen siendo asignaturas pendientes. Andrea es tajante: “Falta visibilizar modelos femeninos en puestos como vigilantes y oficiales”. No es solo una cuestión de voluntad, sino de derribar prejuicios inconscientes que asumen que una mujer no querrá —o no podrá— estar a pie de obra en condiciones duras.

Para Auxi, el camino hacia la cúpula directiva pasa por políticas activas de igualdad y, sobre todo, por la conciliación en puestos presenciales. Su mensaje final es una invitación directa y cálida a las que están dudando: “Las estamos esperando con los brazos abiertos; van a encontrar una profesión apasionante”.

Es, quizás, ese “brazos abiertos” lo que mejor resume el sentir de estas cinco mujeres: un sector que fue cerrado y que hoy, gracias a su empuje, se reconoce como un espacio de oportunidad, cuidado y excelencia técnica.

El 8M de 2030: Mensajes al pasado y retos para el futuro

Para cerrar este encuentro de voces, pedimos a nuestras protagonistas que miren en dos direcciones: hacia la niña que fueron y hacia el horizonte de 2030. Sus respuestas son un recordatorio de que, aunque la carretera es fría, la vocación que lo sostiene es profundamente humana.

Un mensaje a la niña que fueron

Si pudieran viajar en el tiempo, ¿Qué se dirían a sí mismas? Auxi, que soñaba con la ingeniería agrícola pero terminó “seducida” por la civil, le diría a esa niña que no tenga miedo a dejarse llevar por las oportunidades: “Que trabajen con curiosidad y con ilusión, que desarrollen la capacidad de apasionarse con todo lo que hagan”. Esa misma determinación la comparte Sylvie, con un mensaje directo: “Si quieres algo, inténtalo; conseguirlo está en tu mano”.

Por su parte, Yolanda y Cristina aportan la visión más vitalista. Yolanda, con la sabiduría que da la experiencia a pie de obra, le diría a su “yo” del pasado aquello que decían todas las madres: “¡Que estudiase!”, ríe, reivindicando la formación como la llave maestra. Cristina lo resume en una frase que podría ser el lema de todo el sector: “¡Que podemos con todo!”.

Los hitos de 2030: Datos y reconocimiento

Al mirar al 8M de 2030, las peticiones dejan de ser deseos para convertirse en objetivos medibles. Auxi lanza un guante directo a la Asociación de Empresas de Conservación (ACEX): si hoy la presencia de Jefas COEX y de Operaciones roza el 38%, el reto es alcanzar la paridad real del 40% en cuatro años. “Me gustaría que se haya avanzado en todas las escalas de la conservación”, señala, fijando la meta en la representatividad.

Sin embargo, para las que están más cerca de la calzada, el hito soñado tiene que ver con la seguridad y el respeto. Cristina sueña con que, para 2030, haya una conciencia real de los conductores sobre el riesgo que corren quienes trabajan para ayudarles. Una idea que Yolanda remata con una reivindicación necesaria sobre la peligrosidad del oficio: “Que podamos celebrar que se nos reconoce nuestro trabajo, porque hoy somos los últimos monos”.

Andrea cierra con una invitación que es, a la vez, un agradecimiento: “Si estás pensando en entrar siendo mujer: hazlo. Y si ya estás aquí: gracias por formar parte de esta gran familia”.


A través de estos cinco testimonios, queda claro que la conservación de carreteras en España tiene rostro de mujer. Desde la veteranía estratégica de Auxi hasta el entusiasmo recién estrenado de Cristina, pasando por la resiliencia de Yolanda, la polivalencia de Sylvie y la pasión de Andrea, estas profesionales demuestran que el sector COEX ya no es un “mundo de hombres”, sino un servicio público esencial que se construye con empatía, técnica y un valor a prueba de asfalto.

El camino está trazado. Ahora solo falta que, como ellas dicen, la sociedad y las empresas terminen de acondicionar las “infraestructuras” para que ninguna mujer tenga que pedir permiso para ponerse el chaleco.

Gracias a todas por compartir vuestra visión sobre un sector tan exigente como es la conservación de carreteras. Vuestra experiencia es el mejor ejemplo de que la excelencia profesional no entiende de género, y que la presencia femenina en los Centros de Conservación es ya una pieza estructural e indispensable para la movilidad de nuestro país. ¡Feliz 8 de marzo!

La carretera no distingue quién va al volante de la gestión, solo entiende de profesionalidad y compromiso.

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